BREVE EXPLICACION DE LA INVESTIGACION DEL SIMBOLO DE NIÑO EN NIETZSCHE COMO PARADIGMA DE UNA HERMENEUTICA SIMBOLICA I*

Intento, desde hace un tiempo, realizar una lectura interpretativa de Nietzsche, a partir del concepto “Kind” (niño, en alemán) que el autor usa frecuentemente a lo largo de toda su obra.

 La cuestión hermenéutica aparece ya aquí, primeramente, en la elección del método de la investigación. Se trata, ante todo, de una exégesis del término “Kind” en Nietzsche y del ensayo de una Hemenéutica del autor a partir de esta categoría.

 Ante todo deberá demostrarse la posibilidad y legitimidad de tal lectura del autor, apoyándose en la inequívoca significación e importancia que dicho término posee para éste.

 El examen de la categoría “Kind” debe llevar a la comprensión de que, con ella, Nietzsche, intenta designar, un tipo de inteligencia de la realidad, alternativo al denominado conocimiento “socrático” o “alejandrino”, en el lenguaje nietzscheano, que equivale, dicho de modo simplificado, al pensamiento caracterizado por la lógica aristotélica. Este pensamiento ha sido el dominante en la filosofía y en la ciencia occidental.

Por eso, la palabra “Kind” designa un “paradigma”, es decir, un modelo de pensamiento, o de una lógica de pensamiento. Esta “lógica del pensamiento” es, aún, mejor ilustrada por Nietzsche, con la imagen del “juego” en cuanto éste es la actividad propia del niño.

(…)

La introducción de la idea de “juego” permite adentrarse en el meollo de la cuestión del agotamiento del pensamiento “socrático”, según Nietzsche. Agotamiento que tiene que ver con la “dictadura de la verdad” que domina dicho pensamiento (“hay que decir la verdad”, “hay que decir lo que es y lo que no es”). Nietzsche ilustra esta forma de pensamiento, en El Nacimiento de la Tragedia, con la imagen de la serpiente que termina por morderse la cola. Se trata de la “presunción ontológica” presente en el pensamiento filosófico-científico de Occidente. Se haría necesario aquí referirse extensamente al carácter “culposo” del pensamiento lógico-científico. Lo hago de manera muy breve.

El “imperativo de la verdad” implica una suerte de “moralización” del pensamiento filosófico-científico que se ha efectuado en los orígenes históricos de éste. “Conocer la verdad” es una forma de restauración moral de una justicia original. Hay que restaurar la Unidad original perdida por la “hybris” de la diversidad. Por eso, el pensamiento filosófico-científico es “sintético”. La “síntesis” como forma lógica de aprehender la realidad es devoradora, asimiladora, no devuelve la realidad sino es “sintetizada”, es decir asimilada al sujeto.

 Se vuelve esclarecedora, en este contexto, la antinomia nietzscheana expresada en la idea de “culpa” vs. “juego”. Bajo este “imperativo” de la verdad, no hay “juego”. El pensamiento filosófico-científico occidental termina autoaniquilándose. Todos las doctrinas que proclaman la muerte de la metafísica, en particular, la de Heidegger, se enraízan en estas ideas de Nietzsche.

 De lo planteado, la necesidad de pensar desde otro modelo.

 Este otro modo de pensar se define como una “Hermenéutica” en tanto y en cuanto, todo modo de pensar es, en sí mismo, una interpretación de la realidad. Es innegable que pensar la realidad es un acto hermenéutico, y esto es pertinente, ya de por sí, al pensamiento de Nietzsche, para el cual, no hay más que interpretaciones.

El centro de este modelo de pensamiento (modelo hermenéutico) es el “símbolo”, vehículo de significación que posee cualidades especiales por sobre otras formas de significar, lo que lo hace susceptible de captar y sostener el pensamiento en la polivalencia. O dicho en categorías vinculadas a la escolástica, sostenerse en la “analogía” , sin caer en la “univocidad” o en la “equivocidad“, como parece haber sido, en la perspectiva nietzscheana, el destino del pensamiento “socrático”, como desarrollo histórico.

 Este sostenerse en la “polivalencia” (o en la “analogía”) implica desafiar de algún modo, el principio de no-contradicción. Por eso puede decirse que Nietzsche, intenta “pensar la contradicción”. De aquí la derivación del pensamiento nietzscheano en una “filosofía de la irracionalidad“.

 Aquí hablamos mejor de una “Hermenéutica Simbólica”, como modelo nietzscheano alternativo al pensamiento “socrático”.

(…)

 La Hermenéutica Simbólica es un modelo de comprensión de la realidad que permite una cierta reconciliación con la experiencia religiosa de la que se ha alejado progresivamente el pensamiento socrático. Básicamente esta reconciliación se efectúa en dos formas:

  1. En la trascendencia “señalada” (indicada) en cualquier acto de “simbolización”.

  2. En el mismo acto de “simbolización” como recreación-resignificación permanente, participación del oficio “divino” de crear. En este sentido hay en Nietzsche un pensamiento conducente a la “deificación” del hombre que es necesario acercar y comparar con el modelo cristiano de “deificación” , para saber en qué medida está éste presente en el autor (implícitamente o como nostalgia o reclamo).

 Como resultado del acercamiento a la idea cristiana de “deificación”, se comprobará que la reconciliación con la religión en Nietzsche, no va por el mismo camino que la de Hegel. La reconciliación en la identidad hegeliana, es disolución (univocidad). La Hermenéutica Simbólica en Nietzsche permite afirmar simultáneamente al individuo deificado y al todo divino; es más cercana, consecuentemente, a la idea, auténticamente, cristiana, cuanto que conserva y valora la individualidad. No debe olvidarse que el cristianismo piensa a Dios como el Uno y Trino: afirma la unidad de substancia al mismo tiempo que la distinción de los subsistentes.

En el pensamiento de Nietzsche hay un rechazo fundamental de la “síntesis”. El “símbolo” en cuanto sostiene la “ambivalencia” de sentidos, no capta la realidad “sintetizándola” sino que la mantiene en su esencial ambigüedad, en su esencial multiplicidad, en su esencial dinamismo. La realidad es proceso, el proceso es “acompañado” por una “Hermenéutica Simbólica”, propia de aquel que no “congela la imagen” para ver, como el hombre “socrático” sino que participa en el juego del fuego eterno, con la mirada ígnea de un “dios contuitivo”.

Sobre el final de esta breve ponencia, me propongo compartir con ustedes un “prólogo” al estudio que estoy realizando, con el cual intento completar esta brevísima explicación del objeto de mi investigación. (Sigue la lectura del PROLOGO PARA UN TEXTO YA ESCRITO)

*Presentación en la
reunión del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la USAL,
diciembre de 2006

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