VISLUMBRAR EN EL SIMBOLO*

La posibilidad de Recomponer el Saber en Nietzsche a partir de una Hermenéutica Simbólica

I

En ningún filósofo como en Nietzsche, la suerte de sus ideas camina tan atada a los avatares de su propia vida.

Nietzsche es polémico en su actuar como en su pensamiento. El ingreso de su obra escrita en el ámbito científico fue tan extraño como el paso del filósofo por el claustro académico. Sabido es que fue nombrado profesor extraordinario de Filología Clásica en Basilea sin haberse doctorado. 1 Ejerció poco tiempo la docencia universitaria. Permanentemente indispuesto, se manifiesta incómodo con el sistema educativo, ensaya críticas lapidarias frente al régimen imperante en su medio. Se siente agobiado por la tarea, se queja del excesivo trabajo que demanda su cátedra lo que, según él mismo cree, repercute seriamente en su delicada salud. Finalmente, tras escasos diez años de ejercicio de la docencia, pide el retiro y abandona el claustro.

Este ingreso atípico a la enseñanza universitaria y su posterior “fracaso” corresponden justamente a la forma, también peculiar, en la que el pensamiento del filósofo ingresará a la ciencia. La repercusión de su opera prima en el ámbito de la investigación fue decididamente negativa. Nietzsche filólogo de profesión, es rechazado entre sus colegas por aparecer como un divagante, falto de todo rigor científico. Los filósofos tardarán en descubrirlo. Al cerrársele en un principio, las puertas del ámbito científico al que pertenece por oficio y formación, se dará un reingreso del pensar nietzscheano a través de la “ventana” del arte. En rigor, serán los artistas, los primeros que despiertan a la conciencia de que una nota diferente está vibrando en esa cuerda que no cesa de sonar. Es así como el interés por el extravagante profesor que deambula por Italia y Suiza sin asentarse definitivamente en ningún lugar, se despierta desde el comienzo, en aquellos que pertenecen al mundo de la música, de la pintura, de la literatura, para volver finalmente a irrumpir “como dinamita” 2 en el mundo de la ciencia. Pero cuando las ideas de Nietzsche comiencen a trascender, traspasando las fronteras de países y círculos locales, el filósofo ya se habrá dormido en ese sueño previo a la muerte que lo mantuvo por once años como una presencia ausente.

No puede entenderse, sin embargo, que Nietzsche haya sido expulsado del ámbito científico por sus colegas. En realidad es, él mismo, el que, como su Zaratustra, abandona el templo del saber dando un portazo.3

¿Por qué este rechazo de Nietzsche, esta “sospecha” instalada por él mismo, en el laboratorio de la ciencia, desde el comienzo? ¿Por qué ese nunca acabar de pertenecer a los filólogos, siendo de lejos, el estudiante de filología más dotado, el prodigioso egresado de Schulpforta? Intentar dar respuesta a estos interrogantes es decidirse a profundizar en el modo como Nietzsche entiende el saber, representado por la ciencia y la filosofía tal como ha llegado hasta su tiempo.

II

La crítica de la ciencia y de la filosofía ocupa un espacio fundamental en el pensamiento nietzscheano. Para contextualizarla, es necesario aludir a la forma en que Nietzsche contempla el pasado humano.

En la perspectiva del filósofo, existen tres grandes etapas en la historia.4 La cara central de este tríptico es la aparición y el desarrollo de la conciencia y consecuentemente, de la moral. El autor, reconoce en primer término, una etapa “pre-moral” cuyos orígenes se hunden en los tiempos donde la conducta del animal humano prácticamente en nada se diferenciaba con la del resto de los animales.5 A ésta, le sigue una etapa “moral”, caracterizada por el desarrollo de la “conciencia”; y finalmente, Nietzsche considera que en su tiempo se perfila una etapa nueva que podría caracterizarse como “pos-moral”.

El resorte del desarrollo de la conciencia es la necesidad de imprimir en el animal humano, una “memoria” 6 de las consecuencias de una acción determinada, que lo haga capaz de proponerse hacer o evitar algo en el futuro, imponiéndose por sobre la fuerza del propio instinto. Se trata de un origen claramente “moral”. Es decir, tiene que ver con la socialización, con la necesidad de sostener unas determinadas conductas en la vinculación del animal-hombre con los demás de su especie, a los efectos del puro sobrevivir. La mnemotécnica para mantenerse obligado a una conducta, siempre está vinculada al infligir dolor.

Con el correr del tiempo, la “memoria” de las consecuencias de una acción determinada, toma la forma de una “ley moral”, una prescripción que reglamenta la acción de los individuos en la aldea.

La “conciencia” es vista así, como una herramienta de dominación: de autodominación y de dominación de los otros por el manejo cada vez mas refinado de las “prescripciones morales” que logran “nivelar” a la fiera a la altura de los demás miembros de la aldea, grabándole un “debe” que acompañará todos sus actos.

Es en esta “etapa moral” de la historia, propiamente dicha, que surge un modelo de hombre al que Nietzsche denomina: “socrático”. El autor lo llama de este modo, porque en su origen ve el aporte del maestro griego. Justamente la “ironía” de Sócrates –que para Nietzsche, es el mejor sofista- 7 consiste en haber hecho creer a los hombres que una idea puede prevalecer sobre la otra, no por la sola fuerza de la persuasión, como es doctrina general de la sofística (y que, en esencia, es coacción, voluntad de dominio) sino porque existiría la posibilidad de que esa idea sea fundada en una adecuación a algo externo a la idea, lo que le daría a ésta su legitimidad (es decir, la haría una idea “verdadera”). Cuando se busca aquello externo a lo que tal idea pudiera adecuarse, entonces se hecha mano al viejo concepto parmenideano de “Ser”. 8

Por tanto, el fundamento de un pensamiento cualquiera ya no sería sencillamente, el hecho de que “me lo impone el más fuerte, aquel al que temo” (una primera fase del desarrollo de la conciencia), ni siquiera tampoco, el hecho de “que sea lo que se hizo siempre” (una segunda fase del desarrollo de la conciencia), sino que el fundamento nuevo es que “esto debe hacerse porque es así”, porque representa “lo que es en sí” (Plenitud de desarrollo de la “conciencia moral”) Cualquier otra idea en cuanto no representa lo que es, es “falsa”, o sea opuesta a la “verdad”. De esta forma, el “Ser” es el fundamento del conocimiento cierto y de toda norma.

Platón, como es sabido, le otorgará a este núcleo de doctrina socrática un marco cósmico desdoblando el mundo en uno verdadero, el del Ser, aprehensible por la idea, y uno aparente, el de lo perceptible por los sentidos, material y mudable. Parménides, Sócrates y Platón forman el eje alrededor del cual se comenzará a vertebrar la “metafísica”.

A partir de este giro del pensamiento, la “búsqueda de la verdad” se constituye en un axioma incuestionable de todo el saber. Puesto que será lo que da fuerza a las leyes, el hecho de que sean “verdaderas”. El supuesto de que es posible establecer una verdad (la idea adecuada a algo, sea a un ser “en sí” externo o a una condición subjetiva de la conciencia, que la legitima) regirá al saber, en toda esta etapa “moral” de la historia humana.9

En este sentido, el autor, no ve diferencias en el modo como ha actuado la filosofía, la ciencia o la teología bajo el influjo del hombre “socrático”. Todo el saber filosófico o científico occidental, pretende y presume poder establecer lo que es verdad. Todo el saber es dominado por esta mirada “metafísica”.10

Ahora bien, Nietzsche cree que la historia del saber como “metafísica” en Occidente ha sido un proceso de “autoaniquilamiento” 11 que ha llegado a su fin en los albores del siglo XX. La “búsqueda de la verdad” ha terminado revelándose al hombre como “voluntad de verdad”,12 como lo que fue desde el principio. Se trata de una forma de dominación de la esencial “voluntad de poder”, tal como ésta se ha manifestado en la etapa “moral” de la historia humana.

A esta conclusión de la historia de la metafísica ha contribuido el choque permanente de “saberes” que en su voluntad de verdad pujan por imponerse unos a otros, sin lograrlo, generando finalmente una gran “babelización” donde reina por sobre todas las cosas, el escepticismo y el desconcierto. Nietzsche celebra cínicamente esta conflagración del saber socrático resultante de la cual, surge el “nihilismo” como última filosofía. Este consiste en reconocer finalmente que toda afirmación de verdad es pura “voluntad de verdad”, y que más allá no hay nada.

La crítica de Nietzsche apunta en última instancia a derribar este supuesto de “poder conocer la verdad” 13 inherente en toda expresión de saber “socrático”. Si esto es así, todo parece conducir, desde Nietzsche, al escepticismo más profundo, respecto del saber: “no hay hechos sino interpretaciones”:14 “valoraciones” particulares caprichosas de las cosas en un permanente conflicto de poder. Esta liquidación de la metafísica, lleva a pensar que el nihilismo no es más que otra expresión del “subjetivismo” moderno.15

III

Sin embargo, en Nietzsche se perfila la propuesta de un modo de comprender el saber que no es “razón constructora” de un objectum 16 sino “interpretación” en el sentido de un vislumbrar lo profundo sin quitar el velo. 17

El punto de partida para esta lectura de Nietzsche, está en la recta comprensión de lo que el autor entiende por “interpretar”: a pesar de que la acción interpretativa-valorativa en cuanto “voluntad de poder” comporta un aspecto de dominación, 18 esto no significa necesariamente considerar al hombre como un “supersujeto”: una razón calculadora constructora de un objectum, que impone un significado o “valor” sobre “nada de ser”. Esto equivaldría a entender a Nietzsche como un mero profundizador del subjetivismo moderno.

La acción interpretativa-valorativa lleva en sí el reconocimiento de la “provisoriedad” de la significación otorgada. Por eso el “superhombre” nietzscheano no debe ser comprendido como “supersujeto” esto es, como razón constructora que impone un significado y clausura la realidad en ese sentido impuesto. El “superhombre” no es “super” porque es la máxima expresión de la razón constructora moderna. Es “super” porque viene detrás, después del hombre moderno.

El “superhombre” ejerce su acción interpretativa-valorativa como reconocimiento de una multiplicidad virtual de significados que lo alejan de todo intento de clausurar la realidad en un solo sentido impuesto. Al interpretar-crear, otorga significados provisorios que comportan una virtualidad infinita, que dejan vislumbrar un fondo abismal inabarcable. Por eso trabaja con “símbolos” 19 y no con signos. 20

La polisemia es el piso sobre el cual trabaja el saber de este “superhombre” que interpreta. En el acto de interpretar sabe que un infinito de sentido trasciende su interpretación. Su interpretación es provisoria. No “fija” lo que es. No cierra la realidad en un esquema sujeto-objeto, sino que hay una virtualidad que lo trasciende siempre y permanentemente sea cual sea su acto interpretativo. De esta forma deja asomar un infinito, en lo que dice y en lo que “no-dice”, que lo trasciende. Su pensar si es construcción, lo es sólo en el sentido de un “habitar” una parcela sobre una hondura inabarcable.21

El saber que abandona Nietzsche es el de la razón calculadora, el que cree poder fijarlo todo, saberlo todo. El que cree poder definir absolutamente la verdad. El “superhombre” busca erigirse como una alternativa nueva frente al saber socrático.

Detrás de este planteo juega la oposición entre el “interpretar” entendido como “calcular” o como “simbolizar”. Calcular es reducir a dígitos y delimitar un significado preciso.22 Simbolizar es esbozar y borrar. Esta dinamicidad es esencial en la actividad interpretativa simbólica.

Si bien en Nietzsche interpretar es otorgar “valores”, esto no debe entenderse como cálculo o delimitación del objectum. Si se entiende la acción valorizadora como otorgadora de un “valor-signo” en el sentido de un signo o valor numérico (por ejemplo una cifra: 5 o 6) entonces se produce una caída en el pensar-calcular. Pero interpretar, en Nietzsche, debe entenderse como “simbolizar” no puramente “significar”. De aquí que pueda distinguirse una “Hermenéutica Semiótica” de una “Hermenéutica Simbólica”. Por la primera se otorga un valor-signo a la realidad. Esta es la forma propia en que opera el pensar-calcular. En él, se trata siempre de una realidad delimitada por el sujeto y por ende “monovalente”. Por la Hermenéutica Simbólica, en cambio, se vislumbra una realidad que deja translucir el valor-símbolo, pero que no la agota. En él aflora lo “no-dicho”. Es un vislumbrar a propósito del decir, ya que los símbolos no “hablan” sino que “señalan”, como las estrellas del cielo, indican rumbos a los navegantes. El “superhombre” de Nietzsche deja entrever un juego que se juega más allá de su misma subjetividad. Nietzsche no ha formulado teóricamente esta Hermenéutica Simbólica, pero ella está en el trasfondo de su comprensión de la superación del subjetivismo por la actividad “creadora” del “superhombre”. 23

IV

En la actividad otorgadora de “valor” entendida desde Nietzsche como Hermenéutica Simbólica se avizora una vía de escape del subjetivismo en donde se ha estancado el saber moderno. Hay un horizonte inabarcable, inasible, pero que se puede vislumbrar en el símbolo, más allá del sujeto. La realidad no se agota en el “constructum” puesto (Gestell) por el sujeto pues hay un “más allá de sentido” que se devela pero que no se pone en el acto de pensar-valorizar.

Otra cosa es que ese “más allá de sentido” pueda ser sustentado por una inteligencia trascendente que no es el hombre. Esto nunca pudo afirmarlo Nietzsche. Concluirlo de lo dicho, sería forzar al autor a que abandone su metafísica de la eterna generación y destrucción de todo, por la que el pensar-simbolizar momentáneo y la virtualidad infinita de sentido son caras inmanentes de un proceso eterno.

No obstante, el reconocimiento, en Nietzsche, de un “más allá de sentido” a través de un saber concebido como actividad simbólica, vale como superación del subjetivismo, y deja abierta la posibilidad de un diálogo filosófico con posiciones que podrían sustentar los resultados de esta Hermenéutica Simbólica desde otra metafísica, concretamente desde la metafísica del Ser, tal como fue concebida a partir de Aristóteles por Santo Tomás de Aquino.

El diálogo, mejor podría decirse, la recomposición de la relación de la Filosofía con la Teología y con las Ciencias en la escuela de Nietzsche, debería girar también en torno a estos resultados, teniendo en cuenta que en la actividad simbólica se admiten “perspectivas”,24 al mismo tiempo que se vislumbra una trascendencia: “los símbolos señalan”.25

Atendiendo a los preambula fidei, para un diálogo con la Teología, será más importante el empeño de Nietzsche en la superación del subjetivismo moderno, que su misma crítica del cristianismo por mordaz que esta sea.

El diálogo con las Ciencias, se ve favorecido en cuanto que éstas se ven más cómodas actualmente en un marco epistemológico que valore justamente la “provisoriedad” de sus conclusiones como historia de la manifestación de una realidad que se sustrae al alcanzarse, tal como cuando uno se encamina hacia el horizonte vislumbrado en la lejanía.

1Werner Ross, Friedrich Nietzsche. El Aguila Angustiada. Paidós, Barcelona, 1994. Pg. 209. Posteriormente obtiene el grado de doctor sin realizar ningún examen ni defensa pública de una tesis. Rüdiger Safranski, Nietzsche. Biografía de su pensamiento. Tusquets, Barcelona, 2001. Pg. 386

2“Yo no soy un hombre, yo soy dinamita”. Friedrich Nietzsche, Ecce Homo, en Werke in drei Bänden, Hanser Verlag, München, 1994, Bd. 2, S. 1152

3“Pues esta es la verdad: he salido de la casa de los doctos, y además, dando un portazo a mis espaldas” Friedrich Nietzsche, Also sprach Zarathustra, en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 2, S. 380.

4Friedrich Nietzsche, Jenseits von Gut und Böse, en Werke in drei Bänden, 32, pag. 480.

5“Llamemos a este periodo el periodo ‘premoral’ de la humanidad. El imperativo ‘conócete e ti mismo’ era entonces desconocido”. Friedrich Nietzsche, Jenseits von Gut und Böse, op. cit.

6 Friedrich Nietzsche, Zur Genealogie der Moral, en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 2, S. 799

7“Sócrates, con la inclinación de su talento, la de un dialéctico superior (…) ¿qué hizo sino reírse de la incapacidad torpe de aquellos aristócratas atenienses, hombres de instinto, como todos los aristócratas, e impotentes para exponer las razones de su conducta? Pero, al fin de cuentas, en el silencio y en su intimidad se reía también de sí mismo, pues encontraba en sí, sondeando su conciencia, la misma dificultad y la misma incapacidad, (…) se debe seguir a los instintos, pero persuadir a la razón para que los apoye con buenos argumentos. Esta fue la gran ‘falsedad’ de aquel gran ironista rico en misterios. Condujo a su conciencia de modo que se contentase con una especie de engaño voluntario”. Friedrich Nietzsche, Jenseits von Gut und Böse, en Werke in drei Bänden, op. cit. N° 191. Bd. 2, S. 649.

8“…una profunda representación ilusoria, que por primera vez vino al mundo en la persona de Sócrates, la creencia de que siguiendo el hilo de la causalidad el pensar llega hasta los abismos más profundos del ser, y que el pensar es capaz no sólo de conocer, sino también de corregir el Ser. Esta sublime ilusión metafísica le ha sido añadida como instinto a la ciencia (…) el destino de la ciencia es hacer aparecer inteligible y por tanto, justificada la existencia”. Friedrich Nietzsche, Die Geburt der Tragödie, en Werke in drei Bänden, op. cit. N° 15, Bd. 1, S. 84-85.

9“Sócrates es el prototipo del optimismo teórico que con la señalada creencia en la posibilidad de escrutar la naturaleza de las cosas, concede al saber y al conocimiento la fuerza de una medicina universal, y ve en el error, el mal en sí. Penetrar en esas razones de las cosas y establecer una separación entre el conocimiento verdadero y la apariencia y el error, eso le pareció al hombre socrático la ocupación más noble de todas, incluso, la única verdaderamente humana…” Friedrich Nietzsche, Die Geburt der Tragödie, en Werke in drei Bänden, op. cit. Idem,

10“Nuestra fe en la ciencia descansa siempre en una ‘creencia metafísica’….” Friedrich Nietzsche, Die fröhliche Wissenschaft, en Werke in drei Bänden, op. cit.Afor. 344, Bd. 2, S. 206.

11Friedrich Nietzsche, Die Geburt der Tragödie, en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 1, S. 87.

12“Su investigación del conocimiento es ‘creación’, su ‘voluntad de verdad’ es ‘voluntad de poder’…” Friedrich Nietzsche, Jenseits von Gut uns Böse, afor. 211 en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 2, S. 676-677.

13“La verdad ha sido siempre puesta como Ser, como Dios, como instancia suprema, porque la verdad no debía ser considerada como problema (…) es preciso alguna vez, poner en tela de juicio el valor de la verdad”. Friedrich Nietzsche, Genealogie der Moral, op. cit. III, N° 24, Bd. 2, S. 891.

14 Friedrich Nietzsche, Aus dem Nachlass der Achtzigerjahre en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 3, S. 903.

15 Heidegger considera que Nietzsche representa el subjetivismo moderno como culminación de la historia de la metafísica. Este no habría superado el nihilismo, tal como lo pretendía sino que formaría parte de él, en cuanto que la interpretación del ser como valor determina la concepción de la historia de la metafísica como “nihilismo”. Martín Heidegger, Nietzsche, Neske Verlag, Pfullingen, 1961, Bd. II, S. 335.

16Mónica Cragnolini, Nietzsche en Heidegger: Contrafiguras para una Pérdida, Conferencia en Universidad de San Pablo, 21-08-2000, en www.nietzscheana.com.ar

17“Nosotros ya no encontramos placer en esa cosa de mal gusto, la ‘voluntad de verdad’, la verdad a cualquier costo, esa ilusión de joven enamorado de la verdad, tenemos demasiada experiencia para ello, somos demasiado serios, demasiado alegres, estamos demasiado probados por el fuego, somos demasiado profundos,,, Ya no creemos que la verdad siga siendo verdad cuando se le quita su velo; hemos vivido demasiado para escribir esto. Para nosotros es una cuestión de decencia el no querer verlo todo desnudo, no querer asistir a todas las cosas, no querer comprenderlo y saberlo todo. ‘¿Es verdad que el buen Dios está presente en todas partes? –preguntaba una niña a su madre- ¡pues, me parece algo indecente!’ Una indicación para los filósofos. Deberíamos reverenciar más el pudor con que la naturaleza se oculta enigmas y múltiples incertidumbres (…) para vivir es necesario quedarse en la superficie (…) ¡Esos griegos eran superficiales por profundidad”Friedrich Nietzsche, Die fröhliche Wissenschaft, en Werke in drei Bänden, Bd. 2, S. 14-15.

18“La Voluntad de Poder interpreta (Interpretieren) limita, determina grados…interpreta el valor de otro…La interpretación es en verdad, un medio para dominar sobre otro” Friedrich Nietzsche, Aus dem Nachlass der Achtzigerjahre en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 3, S. 489.

19“Símbolos son todos los nombres del Bien y del Mal, no hablan sólo señalan. Tonto es quien de ellos quiera sacar ciencia”. Friedrich Nietzsche, So sprach Zarathustra, en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 2, S. 337.

20Croatto, Cullen, Levoratti y otros, Mito y Hermenéutica, El Escudo, Buenos Aires, 1973. C. Jung, Símbolos de Transformación, Paidós, Barcelona, 1998, pag. 137.

21 Las especulaciones del “último” Heidegger avanzan hacia esta dirección: Martin Heidegger, Bauen, Wohnen, Denken, en Vorträge und Aufsätze, Neske, Pfullingen, 1967. Bd. 2, S. 19.

22“La posibilidad de calcular el mundo, de expresar todo lo que acontece por medio de fórmulas ¿es realmente un comprender? Qué comprendería de una música, si comprendiera todo lo que en ella es calculable y traducible en fórmulas?” Friedrich Nietzsche, Aus dem Nachlass der Achtzigerjahre, en Werke in drei Bänden, op. cit Bd. 3, S. 896.

23Friedrich Nietzsche, Also sprach Zarathustra, en Werke in drei Bänden, op. cit. Bd. 2, S 344.

24 El mundo no tiene un sentido detrás de sí, sino innumerables sentidos: Perspectivismo” Friedrich Nietzsche, Aus dem Nachlass der Achtzigerjahre, en Werke in drei Bänden, op. cit Bd. 3, S. 903

25 “Solo hay interpretaciones ¿Será finalmente necesario colocar una interpretación tras el interpretar? Esto ya es Poesía, Hipótesis” Friedrich Nietzsche, idem. No debe entenderse como una expresión peyorativa. El poeta practica el arte de vislumbrar en los símbolos.

*Ponencia en las Jornadas sobre Ciencia, Filosofía y Religión,  La Plata, Junio 2003

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