DE LA TRAGEDIA AL GROTESCO

El Perfil Nietzscheano De La Posmodernidad*

©zkbs, Alejandro Blanco

Hacia fines de siglo XX, surge la consigna: “ el fin de las utopías” que se alza, mas o menos como el “Proletarios del mundo uníos…” pero un siglo y medio después. Estamos en la posmodernidad. El “sentimiento trágico de la vida” tan característico de este siglo, parece dejar paso a una nueva actitud. Esta, parte de la misma constatación de la esencial contingencia del ser que se ha develado en el hombre del existencialismo heideggeriano-sartreano . Pero la sensibilidad posmoderna no se para con “seriedad” frente a la vida. La manifestación mas notoria del cambio de actitud es la desaparición de una “mirada seria”. Surge así, lo que podría llamarse el “grotesco” como actitud frente a la existencia.

El concepto de grotesco (del italiano Grottesco) es definido por el diccionario como “lo ridículo y extravagante por la figura o por otra cualidad cualquiera”[1]. Existe un cierto “género grotesco” en la literatura y en el teatro, vinculado a la comedia, al sainete, a la ópera bufa, etc.. Justamente la esencia de lo grotesco consiste en ridiculizar (exagerando las características de los personajes) lo que no tiene remedio, lo que es así indefectíblemente, inexoráblemente, la fatalidad. Una medida menos en la caracterización de los rasgos -intencionalmente exagerados- de las personas o de los hechos interpretados en el grotesco, haría ahogar en llanto a los espectadores de una obra de teatro del género. Lo que captado en su real patetismo causaría espanto o desolación, presentado en forma grotesca, mueve a cierta extraña risa. Esa risa de lo trágico que caracteriza al género grotesco interpreta, en cierto sentido, el sentimiento vital de la posmodernidad. Se trata del tratamiento irónico y burlesco del absurdo y del sinsentido de la existencia. El grotesco es la risa de lo trágico. Por eso la sensibilidad posmoderna parece percibir grotescamente la realidad. Es la actitud del que bromea sobre el cadalso.

El sentimiento grotesco de la vida no es una actitud inauténtica como la que denunciaba el existencialismo, puesto que se trata de asumir concientemente la cruda realidad. No hay optimismo ni esperanza. Pero tampoco es la actitud angustiosa que llevaba a la existencia auténtica del existencialismo; desaparece la “seriedad” para dar paso a la burla y a la ironía. La vida misma es así percibida como una broma absurda. Por lo tanto vivir es “bromear”, es decir, hacer tal o cual cosa “como si fuera” importante. “Hacerse el tal o cual” pero no con el ánimo de engañar a alguien o engañarse -esto sería propiamente inauténtico- sino jugando roles, esto es, ejerciendo la única posibilidad de existir, que es, sin más, actuar, a sabiendas de que se trata solo, de la comedia de la existencia humana.El hombre de hoy se disfraza de clown para esquivar el peso de lo trágico. Se maquilla. Podríamos considerar también aquí, como arquetipo del hombre posmoderno, la imagen irónica del Bufón.

Vivir es actuar. Ensayar papeles. Hollywood dominó gran parte de la primera mitad del siglo XX. La televisión y finalmente, la computadora, vinieron a agregarse en su segunda mitad, al gran escenario de nuestro tiempo, trocando definitivamente la realidad en realidad virtual. El gusto por informatizar la totalidad de lo perceptible, participa del espíritu teatralizante del grotesco.

Esta actitud de comediante, la de simular valores que en realidad se saben intrascendentes, constituye lo irónico y grotesco propio del sentimiento vital posmoderno.

DE LA TRAGEDIA A LA COMEDIA

La simulación y la burla parecen ser una actitud corriente en el hombre de hoy, frente a la realidad. El tratamiento grotesco de lo mas diversos los temas, confundidos y banalizados hasta el ridículo, -tal como lo vemos a diario, sobre todo en los medios televisivos- son solo una prueba mas de esto.

Hay un cierto cambio respecto del que podría llamarse el “último hombre moderno”, el hombre heideggeriano, el de Unamuno. Aquel que percibe la vida angustiosamente. El hombre actual parece hacerlo desde una visión grotesca. Jugando con los términos podríamos hablar de una perspectiva trágica y una cómica. Pero aquí vale pregunta ¿Hay en realidad, un verdadero paso de la actitud trágica a la cómica o grotesca?

Creemos, con Savater, que el pesimismo arranca con el proyecto de la Ilustración y se va haciendo cada vez más evidente desde la proto-ilustración de un Hobbes o un Spinoza hasta los autores en los que el movimiento madura, como Schopenhauer, Nietzsche o Freud…[2] Por lo tanto, no vemos aquí un salto del optimismo puro al pesimismo, sino que, en la actitud trágica se descubre claramente, la consecuencia final del proyecto ilustrado. ¿Hay un salto en la Posmodernidad, de una visión trágica a la grotesca? No admitiremos tampoco, en este caso, semejante salto de actitud.

En realidad, el sentimiento trágico se halla en germen en el hombre optimista ilustrado, tal como la percepción grotesca y la simulación, están ya virtualmente en el hombre trágico. Exploremos en el pensamiento de Nietzsche la esencia de la actitud trágica, a fin de comprender el misterioso regreso de su polémica figura a la escena del pensamiento actual.

LA ESENCIA DEL PENSAMIENTO TRAGICO EN RELACION A LA ACTITUD COMEDIANTE Y GROTESCA

Si queremos precisar la esencia de la actitud trágica, debemos remitirnos inevitablemente a la obra del autor acerca de los orígenes de la Tragedia Griega[3]. Esto, que pareció, en un primer momento, un tratado para eruditos sobre la antiguedad griega, terminó convirtiéndose, en la mas brillante exposición de esa percepción original de la existencia que llamamos, el sentimiento trágico ante la vida.

Nietzsche ve en la cultura de los griegos la síntesis de dos componentes esenciales: lo dionisíaco, como intuición de la fuerza primordial aniquiladora de la individualidad que arrastra todo hacia el uno (sabiduría de Sileno)[4] y lo apolíneo, como tendencia a la redención en la contemplación de la belleza de las formas. Estos dos elementos, (instintos, dirá Nietzsche), dan origen a dos formas de arte: la música (arte dionisíaco), la pintura-escultura-arquitectura (arte apolíneo)[5]. En la representación artística (escultura) se da el efecto sanante del arte apolíneo: en ella lo individual aparece como permanente, es una ilusión de orden, que irradia una belleza redentora. De este modo por la contemplación estética, se salva el sentido de lo individual. Como en un caleidoscopio, el único sentido de la disposición instantanea y fugaz de las partes, es provocar un efecto estético. En éste encontramos su sentido, redimimos la fugacidad esencial de las partes. El arte dionisíaco (la música) es arte superior, porque no es como la escultura o la pintura, representación de la representación, sino que es captación inmediata de la voluntad ciega, de la fuerza primordial

Sin embargo, estas dos tendencias se unen, en el momento culminante de la cultura griega, en una expresión artística que las sintetiza perfectamente. es el momento del nacimiento de la tragedia griega.

¿Por qué Nietzsche ve una síntesis perfecta de lo apolíneo y lo dionisíaco en la tragedia? Esta forma de arte supremo, contiene los dos elementos en equilibrio. Lo dionisíaco de la tragedia está inicialmente en la música. Nietzsche ve en la función del coro ditirámbico el principio de la tragedia. No solo en sentido histórico, en cuanto que es el coro el que parece haber dado origen a la tragedia[6], sino también en el sentido de que la música es la intuición de la fuerza eterna, la que se develará en la tragedia. Pero el oyente estético de la tragedia, no se ve desbordado, aniquilado en su condición de individuo por la fuerza de la música[7], gracias al aporte de lo apolíneo que es el aspecto de representación escénica que posee la tragedia. Aquí aparece el mito trágico[8]. Este es la expresión en forma apolínea de la intuición dionisíaca de lo primordial[9].

El aporte de lo dionisíaco a lo apolíneo, en la tragedia[10] es que, abre al oyente estético, a un placer que va mas allá del goce estético redentor del arte apolíneo. El mito trágico a diferencia de la epopeya (arte apolíneo), no hace permanecer al espectador en la fruición de la belleza que redime lo individual[11], sino que lo hace presentir un mas allá de lo individual que le causa un goce mayor. Por eso, el placer que proporciona la tragedia nace en la experiencia simultánea del brillo glorioso del héroe al mismo tiempo que de la experiencia de saber que no triunfa, que al final es derrotado[12]. Este goce es mayor que el que nace del encanto de las formas individuales, y surge al saber que éstas no son mas que apariencia. La representación escénica se muestra, como lo que es, representación, ilusión, para dar paso a ese goce mayor, el de la desilusión y la disolución de todo[13]. Por eso el héroe trágico no triunfa, cae, como cae el telón en el teatro, y esa caída hace ascender al oyente estético a la intuición de lo primordial. La sabiduría de Sileno, dionisíaca, es el contenido del mito trágico. Este es intuído a través de formas apolíneas[14]. El héroe trágico debe caer, porque es ilusión, para dar lugar a la intuición de lo verdadero, la fuerza ciega que irrumpe manifiesta en la música del coro ditirámbico.

La apariencia del drama da pié a la intuición de algo mas allá de lo escénico, es decir, abre a una trascendencia concebida como negación, esa primordial fuerza ciega, aniquiladora de lo individual.

Hay en el oyente estético de la tragedia, un sentimiento ambivalente que lo abre a la intuición dionisíaca de lo primordial. En la tragedia, el héroe es admirado y gozado pero mas aún es deseado y esperado su aniquilamiento[15]. Hay un placer provocado por la disolución, por la derrota. Esto es genuinamente dionisíaco[16].

Nietzsche declamaba insistentemente acerca del resurgimiento de la tragedia, de un nuevo nacimiento del hombre trágico para los tiempos futuros[17].

Durante el siglo XX hemos visto como dominante en el espíritu del hombre esa actitud que hemos llamado trágica y que hemos visto representada sobre todo en el pensamiento existencialista ateo. ¿Pero, el alcance del pensamiento trágico nietzscheano se agota en estos modelos? ¿El hombre de la simulación y del sentimiento grotesco equivale a una superación de este hombre nietzscheano? Creemos que no.

Mas bien nos parece que la vigencia que hoy se le atribuye desde distintos ángulos a la obra nietzscheana se debe justamente a que aquella especie de profecía sobre el renacer del hombre trágico, se cumple más acabadamente en nuestros días. ¿en que característica dominante del hombre actual se nos trasluce el espíritu de la tragedia?

Si reflexionamos detenidamente lo que significa la actitud comediante y grotesca frente a la existencia, que creemos dominante en la llamada posmodernidad, entonces, no nos será difícil descubrir en ella los rasgos esenciales del espíritu trágico. El sentimiento ambivalente del espectador trágico -analizado meticulosamente por Nietzsche- hace que éste se someta a la apariencia de la representación escénica al mismo tiempo que descubre en ella la posibilidad de trascender la ficción hacia la misma negación de toda representación, la conciencia de que nada de lo individual es real, sino un eterno devenir al que pertenecemos. Allí es, cuando aflora lo dionisíaco, llevándolo al espectador, a un placer mayor que el de la contemplación de la apariencia. Este placer en la disolución nos parece que es el mismo que define al hombre posmoderno cuando experimenta grotescamente la realidad que lo rodea. Como hemos dicho mas arriba, se trata del que ríe sobre el cadalso. El placer experimentado en el fracaso del héroe trágico es, en esencia, el mismo placer del que se burla de la contingencia de la realidad. Este deja aflorar en sí, la fuerza de la irracionalidad.

El placer grotesco experimentado en el horizonte de la simulación, está esencialmente contenido en la actitud trágica nietzscheana. En la actitud grotesca del hombre de hoy, nos parece ver asomar la risa del sabio Sileno, al que Nietzsche alude en su obra.

La seducción por la apariencia de la escena y el placer en la aniquilación propios del espectador trágico, coinciden con la simulación y la burla grotesca del espíritu posmoderno. La actitud comediante y grotesca del hombre actual, lejos de ser algo ajeno al espíritu trágico, es, su fruto mas acabado. Deberíamos pensar al extraño placer que parece experimentar el hombre de hoy, por decirlo así, como “por detrás de las bambalinas” (esto es, al constatar la inconsistencia de sus representaciones) como el momento -en términos nietzscheanos- dionísiaco de la tragedia, en el cual se hace evidente el engaño apolíneo de la escenificación. El hombre de la simulación y del grotesco, es finalmente, el hombre trágico, que en el decir de Nietzsche, debe, finalmente, aprender a reír[18].

En este sentido, podríamos considerar a Nietzsche como el representante del último hombre moderno, el hombre trágico, y el primero de la posmodernidad, -jugando con los términos- el hombre cómico o grotesco. De aquí, la vigencia de su pensamiento y de sus escritos que hoy son una “moda banal” (muy posmoderna).

LA INFORMACION COMO PUESTA EN ESCENA

La actitud comediante y grotesca frente a la existencia se traduce hoy en el fenómeno que puede denominarse como la reinvención de la realidad por la información[19]. El cruzamiento de la información y de versiones diferentes y contrarias sobre la realidad provocan un estado de confusión generalizada en la opinión de cada individuo en la sociedad.

No hay realidad sino la publicitada, la reelaborada masmediáticamente. La realidad es representada, escenificada. Y existe un entrecruzamiento de versiones, que no son mas que papeles, roles. Para entender correctamente lo que estamos diciendo, conviene jugar con la doble acepción de un término de nuestra lengua española que es el de: interpretar. Toda percepción de la realidad, tanto la que provenga de un medio periodístico, como la de un libro de filosofía o de ciencia, es ante todo, hoy, mas que nunca, un hecho hermenéutico: una interpretación de la realidad. Pero esta interpretación no solo lo es en el sentido en que expresa el modo cómo alguien entiende algo, sino también en el sentido usado en el ámbito del teatro: interpretar es desarrollar un rol, actuar. Cuando decimos que un periodista o un pensador cualquiera, en nuestros días hace un análisis interpretativo de la realidad, estamos diciendo que está encarnando esa realidad, la está personificando, le está dando vida, como a los personajes y hechos de una escena teatral. Por eso, el massmedia pone la realidad[20].

La actitud de simulación, lleva ínsita la ironía. Esta consiste esencialmente en decir como verdadero algo que se sabe falso. El decir: ¡qué bueno es tal cosa! cuando se lo sabe malo, puede ser una mentira. Pero si se da a entender, por medio de esa expresión -por ejemplo, afectando la voz o modulándola de modo especial- lo que se sabe en realidad (que es lo contrario de lo que se dice), entonces es una típica ironía; es el caso cuando, por ejemplo, el profesor amonesta a un alumno que no estudió con la expresión: ¡muy bonito, siga así!

Lo curioso de los mensajes masmediáticos de hoy, es que se muestran como simulacros. No ocultan su carácter escénico. Esto es, dan a entender, mientras que aparentan realidad, que no son mas que una apariencia, una escenificación. En esto consiste exáctamente el elemento irónico que porta en sí, la actitud simuladora de los medios de hoy[21].

Este juego placentero de la simulación[22] por el que se reelabora massmediáticamente toda la realidad, nos recuerda el efecto de la tragedia sobre el espectador trágico, tal como lo hemos mostrado en Nietzsche, al que la representación escénica le deja entrever la inconsistente realidad, invitándolo a someterse irónicamente a la teatralización.

Así, aturdido por el bombardeo de la información, el hombre se enreda en una red de concepciones y de formas de vida simultáneas que lo sumergen, al mismo tiempo, en cierta sensación placentera (así entiende, Nietzsche, la fruición estética) fundada en el descreímiento de toda posible afirmación de verdad[23]. La única verdad es la multiplicidad de versiones fugaces puestas intencionadamente en escena, sobre un fondo irónico de sospecha de que, no hay nada más que sólo, actuar ¡La función debe continuar!

NOTAS

[1] De ¨grotta¨, gruta. En alusión a lo rudo, propio de las cavernas. El diccionario agrega: irregular, grosero, de mal gusto. Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, Bs. As. 1945 t.III.

[2] F. Savater, El Pesimismo Ilustrado, en AAVV., En torno a la Posmodernidad, edit. Anthropos, Barcelona 1991, pag. 123.

[3] F. Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia. Seguimos la traducción española de Andrés Sánchez Pascual en Alianza Editorial, Madrid, 1980.

[4] F. Nietzsche, op. cit. pag. 53-55.

[5] El desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y lo dionisíaco… F. Nietzsche, op. cit. pag. 40-41.

[6] La tradición nos dice resueltamente que la tragedia surgió del coro trágico y que en su origen era únicamente coro. F. Nietzsche, op. cit. pag. 74.

[7] Pueden imaginarse un hombre que sea capaz de escuchar el tercer acto de Tristán e Isolda sin ninguna ayuda de palabra e imagen, puramente, como un enorme movimiento sinfónico, y que no expire….F. Nietzsche, op. cit.168-170.

[8] De esto…infiero yo la aptitud de la música para hacer nacer el mito trágico: el mito que habla en símbolos, acerca del conocimiento dionisíaco…la música se esfuerza por dar a conocer en imágenes apolíneas, su esencia propia. F. Nietzsche, op. cit. pag. 136.

[9] Dionisos no habla ya por medio de fuerzas, sino como un héroe épico, casi con el lenguaje de Homero. F. Nietzsche, op. cit. pag. 86-87.

[10]. F. Nietzsche, op. cit. pag. 167.

[11] F. Nietzsche, op. cit. pag. 137.

[12].F. Nietzsche, op. cit. pag. 137.

[13]. Y con esto, el engaño apolíneo se muestra como lo que es, como el velo que mientras dura la tragedia recubre el auténtico efecto dionisíaco; F. Nietzsche, op. cit. pag. 172.

[14] F. Nietzsche, op. cit. pag. 84-85.

[15] F. Nietzsche, op. cit. pag. 167.

[16] F. Nietzsche,El nacimiento de la tragedia, op. cit. pag. 138-139

[17] F. Nietzsche, op. cit. pag. 132… pag. 159-160-163.

[18] Ustedes deberían aprender el arte del consuelo intramundano, ustedes deberían aprender a reír mis jóvenes amigos, si es que, por otro lado, quieren continuar siendo completamente pesimistas; quizás a consecuencia de ello,como reidores, manden alguna vez al diablo, todo consuelismo metafísico, o para decirlo con lenguaje de aquel trasgo dionisíaco que lleva el nombre de Zaratustra: …”esta corona del que ríe, yo mismo me la he puesto sobre mi cabeza, yo mismo he santificado mis risas…Zaratustra, el que dice verdad, Zaratustra, el que ríe verdad. …Yo he santificado el reír, ustedes, hombres superiores: aprendan a reír!” F. Nietzsche, op. cit. pag. 36. (El autor se cita aquí a sí mismo en Así habló Zaratustra, cuarta parte. Puede verse F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, n. 377, pag. 392-394).

[19] Mariano Andrade, La ciencia de la mirada, en First año 3, n° 30, cit. en Marta López Gil, Filosofía, Modernidad y Posmodernidad, Biblos, , Bs. As. 1996

[20] La televisión se ha transformado, en nuestros días, de vehículo de hechos en aparato para la producción de hechos, es decir, de espejo de la realidad, pasa a ser productora de realidad. U. Eco, La Estrategia de la Ilusión,ed. Lumen – De la Flor, Bs. As. 1990, pag. 210 ss.

[21] U. Eco, op. cit. pag. 211.

[22] U. Eco, op. cit. pag. 218.

[23] G.Vattimo, Posmodernidad, una sociedad transparente? en AAVV. En torno a la Posmodernidad, Anthropos-editorial del hombre, Barcelona 1991. Pag.9 ss.

* Artículo leído en las Jornadas Nietzscheanas, organizadas por la UBA en Bs. AS. en 1998, publicado posteriormente  en “Revista de Teología”, año XI, N° 35, 1998.

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