El Espíritu Libre y el Niño en la filosofía de Nietzsche

Una primera aclaración metodológica ayudará a la comprensión de lo que queremos señalar en Nietzsche. El método de lectura que usamos es lo que yo llamo aquí “método hermenéutico” esto es, aquella lectura que vuelve sobre su propio acto interpretativo, haciendo conciente el modo como se accede al texto. Esto me lleva a identificar el horizonte de mi pre-comprensión: ¿con qué preguntas voy al texto? ¿con qué ideas preconcebidas? Supongamos: ¿me importa el autor? ¿Qué idea tengo de él? ¿me importa a quién habló? ¿Qué he recibido acerca de él?

Los recursos hermenéuticos en una lectura hermenéutica son concientes: exploro una palabra en los distintos momentos del desarrollo del pensamiento del autor, parto del supuesto de un desarrollo. Comparo las formulaciones de una misma idea en diversos escritos, hago hincapié en las diferencias sutiles que puedan presentar, investigo el contexto originario de la redacción, etc. Estos son recursos que en un método de lectura hermenéutica han sido concientemente escogidos. Aplico recursos por lo general comprendidos en el análisis histórico-crítico por haber sido formado más bien en esa escuela, pero no descarto otros accesos hermenéuticos.

Tematizar el modo de la interpretación ayuda a detectar aspectos que pueden estar en desarrollo incipiente en el autor, pero que señalan la dirección de su pensamiento.

Se puede objetar que se corre el riesgo de hacerle decir al autor lo que el autor no dijo. Es verdad. Pero ¿quién no corre ese riesgo? Quien no tematiza su modo de leer a un autor, no por eso deja de ser interpretativa su lectura.

En mi caso, ocuparon un lugar decisivo en mi pre-comprensión de Nietzsche los primeros versos de un poema del filósofo que conocí en mi adolescencia. En aquel momento fui a dar con sus primeras palabras citadas en otra obra de un autor alemán. Más tarde tuve oportunidad de conocer completo el texto del poema. El mismo hecho de que por muchos años tuviera idea sólo de esas primeras palabras, me ayudó a centrarme exclusivamente en un solo aspecto que me resultaba impresionante en el autor: la enorme sensibilidad para describir poética y patéticamente el drama del desarraigo. Se puede decir que esta fue mi clave hermenéutica; desde aquí comencé a buscar a Nietzsche.

***

Es sabido que el pensamiento de Nietzsche no tiene el acabamiento que podría haber tenido si el filósofo no hubiese ingresado abruptamente a un estado de irreversible demencia del cual sólo salió con la muerte acaecida once años después de su arrebato. Esta situación dejó abiertas posibles rutas de desarrollo de su pensamiento que se cruzan y se oponen. Conocido es, también, el hecho de las adulteraciones que, a raíz de la pérdida de todo control por parte del filósofo, sufrieron sus escritos, manipulados por su hermana y algunas otras personas de su entorno.

De todas formas, el pensamiento de Nietzsche, es un pensamiento en tensión.

La obra a la que me referí más arriba y que forma parte de la rica producción lírica nietzcheana, sugiere ya en su contenido, las posibles direcciones diversas en las que puede desplegarse el pensamiento nietzscheano. Se trata del poema titulado“El Espíritu Libre”. 1 Comencemos aquí por ofrecer su texto (Ver el anexo)

Se trata de un poema escrito, según el mismo autor lo atestigua, en el otoño de 1884. Pero Nietzsche no alcanza a verlo publicado, por lo menos, en su sano juicio. Porque queda entre sus papeles y sale a la luz como fragmento inédito en una primera edición de sus obras completas que realiza su hermana en 1894, cuando el filósofo se encuentra ya, irreversiblemente enfermo.

El periodo de su producción corresponde al momento en que Nietzsche ya ha publicado las primeras cuatro partes de “La Gaya Ciencia” y las tres primeras de “Así habló Zaratustra”.

En el otoño de aquel año, Nietzsche se halla primero en Sils Maria; luego visitará Zurich, donde se reencuentra con su hermana, y finalmente se trasladará a Mentone, para dirigirse, en diciembre, a Niza adonde pasará el invierno.

Probablemente es por esta misma época, que Nietzsche compone la colección de poemas que más tarde, en 1887, publicará como anexo a la nueva edición de “La Gaya Ciencia” (que incluirá además, un quinto libro) y que llevará por título “Las canciones del Príncipe Vogelfrei”. Sabemos que el 22 de noviembre de 1884, Nietzsche envía por correspondencia a su discípulo Peter Gast, el poema más importante de aquella colección: “Ante el Mistral”, como algo recientemente elaborado. Por otra parte, El filósofo ha dejado consignado en los manuscritos del poema “El Espíritu Libre”, la fecha, otoño de 1884, lo que coincide con el tiempo en que, en carta a Gast, dice haber compuesto “Ante el Mistral”. Pero por alguna razón, Nietzsche no incluirá más tarde a “El Espíritu Libre”, entre los textos de “Las canciones del Príncipe Vogelfrei”.

En la edición de Elizabeth Förster-Nietzsche, el poema lleva el título de “Piedad-Piedad”. Nietzsche mismo lo llama entre paréntesis en el manuscrito original y al lado del titulo principal: “Despedida”. Popularmente es conocido por los primeros versos: “Los cuervos graznan…”

***

¿Por qué Nietzsche llama “El Espíritu Libre” a este bello poema? Ciertamente la expresión “Espíritu Libre” forma parte del vocabulario técnico nietzscheano, y le sirve al autor para denominar el modelo de hombre que resulta de haber hecho conciente la “muerte de Dios”. La segunda sección de “Más allá del Bien y el Mal” fue titulada por Nietzsche de esta misma manera. El “Espíritu Libre” es la última fase del desarrollo del pensar filosófico-científico que hunde sus raíces en la metafísica parmenidiana. El “Espíritu Libre” es el hombre moderno emancipado de la tutela de la teología, y de todos los sistemas de valores de la historia que dictaminan lo verdadero y lo someten a ello. Nietzsche ha usado diversas expresiones para denominar este modelo de hombre. En el Zaratustra lo llama “hombre superior” o “último hombre” y en el “Discurso de las tres Transformaciones” lo podemos hallar tras la figura del “león”.

La contraparte de este modelo la encontramos en el “hombre del rebaño”, aquel que vive sometido a verdades “objetivas” que rigen su conducta y que habitan en un cielo metafísico, o trasmundo que da consistencia a las realidades de este mundo.

La metáfora de “rebaño” se explica, no tanto por el hecho de lo gregario, lo que tiene que ver con la “masa” (a lo que también se alude), sino sobre todo porque la actitud dominante del “rebaño” podría llamarse la de “seguimiento”. Es decir, se trata del hombre que se pone en una dirección dada de antemano. Esto es, marcada por el “ser”, en la metafísica tradicional de Occidente.

La vida en un mundo donde los mojones están bien marcados se vuelve segura. No hay más que seguir la huella delineada en el trasmundo. Este pensamiento de cuño platónico ha sido divulgado – según la mirada de Nietzsche – por el cristianismo, que es una suerte de “platonismo para el pueblo”.

En el “Discurso de las tres Transformaciones”, la figura del “camello” (aplastado por el peso de los valores que le han sido cargados y que arrastra) corresponde a este modelo de “hombre del rebaño”.

Obviamente, el poema al que hemos aludido, hace referencia al estado de desolación en el que queda el “hombre superior”, el “Espíritu Libre” luego de que, escapándose del rebaño, se hace conciente de la “muerte de Dios”, esto es, cuando comprende que los sistemas de valores carecen de todo sustento trascendente, y se deben esencialmente al flujo y reflujo en la historia, de una voluntad de poder inmanente al cosmos, que sobrevive en la constante autosuperación, manteniéndose por el choque de los contrarios.

La metafísica heracliana es la que abre los ojos al Espíritu Libre, abandonándolo, al mismo tiempo, en un estado al que Nietzsche llama, inequívocamente: “Nihilismo”.

Los “miles de desiertos mudos y fríos” , la “maldición de la errancia invernal”, la imposibilidad de “encontrar quietud y sosiego en ninguna parte”, el “canto con el timbre-del-pájaro-del-desierto”, aluden de manera bella a ese estado en el que ingresa aquel que ha perdido toda referencia ontológica.

Los dos modelos antropológicos se ven ilustrados en la antinomia que da forma a la primera parte del poema: “Dichoso aquel que aún tenga hogar” – “Pobre de aquel que no tenga hogar”. El “hombre del rebaño” encuentra cobijo, “hogar” justamente en el rebaño, en un mundo de referencias objetivas sostenido por la metafísica y la teología. El “Espíritu Libre” es el “pobre” que ha perdido su “hogar” metafísico.

Es inocultable que existe en esa última expresión, una carga de nostalgia: ¡Pobre del que no tenga hogar!

Sin embargo, Nietzsche, parece no querer ser confundido. La arenga ¡Vuela pájaro, grazna/tu canción con el timbre-del-pájaro-del-desierto!/¡Entierra loco,/tu corazón sangrante en hielo y sarcasmo! da la impresión de animar al “Espíritu Libre” a que escape para adelante, a que efectivamente, salga al mundo en el invierno.

La actitud positiva frente al desarraigo al que se ve sometido el “Espíritu Libre” se confirma en la segunda parte, en la “Respuesta”, donde el autor dialoga con un oyente imaginario que pudiera objetarle o malinterpretar su pensamiento. Nietzsche responde: no creas que regresaré al “calor de la alcoba”, que es, ciertamente, aquel hogar metafísico del “hombre del rebaño” ¡No te dejes engañar por tu lógica intrincada! – nos dice Nietzsche. No se trata de regresar, no se puede regresar.

¿Puede decirse, entonces, que el poema nos deja en las puertas del nihilismo? No creo que sea así.

Si se toma una vez más el “Discurso de las Tres Transformaciones del Espíritu”, se puede constatar que hay una figura, la tercera, que no halla su correspondiente en esta bella poesía. Esta figura es la del “Niño”.

El “camello” y el “león” se encuentran aludidos oportunamente, en el que encuentra hogar en el “calor alemán” y en el que no lo encuentra, “signado por la maldición de deambular en invierno”. El “Niño” en cambio, no se encuentra aquí, pero creo que está sugerido en aquel: ¡Vuela, pájaro, canta con el timbre-del-pájaro-del-desierto! Hay un canto, que todavía es graznido, pero que trae algo de canto, y si es así, es indicio importante de algo alegre, satisfactorio, en la rica imaginería del autor.

El “Niño” en las tres transformaciones, y en la filosofía nietzscheana, corresponde a una salida frente al nihilismo, pero no es un regresar al rebaño. Tampoco es una síntesis, o una superación en sentido hegeliano.

El drama radica en que, tanto en la propia vida de Nietzsche, como en su obra filosófica, la salida al nihilismo expresada en la metáfora del “Niño” es vislumbrada, más que desarrollada. Esto hace que el autor oscile entre fórmulas que encarnan la actitud del “Espíritu Libre”, y fórmulas que balbucean la actitud del “Niño” o del “Superhombre”.

No debe olvidarse que en el momento que el filósofo ha compuesto el poema, acaba de elaborar las intuiciones fundamentales del Zaratustra, y aún se halla en plena elaboración el pensamiento del eterno retorno de lo igual.

¿Cómo se enfrenta el Niño al vacío del nihilismo, tan bien esbozado en el poema “El Espíritu Libre”?

El Niño no es el hombre sin hogar del poema. Desde esta perspectiva el Superhombre vuelve a habitar, en tanto y en cuanto “vuelve a ser niño”. “Cae el velo y el hombre se encuentra de nuevo como un niño que juega con mundos, como un niño que despierta con el crepúsculo matutino y riendo se sacude de la frente los horribles sueños” 2 , decía ya, el joven Nietzsche a los 16 años, en su ensayo “Fatum e Historia” elaborado durante la época de su internado en Schulpforta, donde hizo el Gimnasium. El niño desarrolla “mundos”. Pero no se trata exactamente de la forma ingenua de habitar del hombre del rebaño que se refugia en el calor del establo. Heidegger se acerca de esto con la idea de una existencia “auténtica”, es decir, “reapropiada”. Es el habitar lúcido del que sabe que es autor de los valores. Es verdad que el “quien ha perdido lo que tu perdiste no encuentra mas quietud en ninguna parte”, pero “el Niño que juega con mundos” lleva su hogar a cuestas, lo arma y lo desarma creativa e inocentemente sobre las arenas de “mil desiertos”, “jugando, coloca piedras aquí y allá y construye montones de arena y luego los derriba3

¿Cómo habita este hombre que ha atravesado el nihilismo? “Poéticamente habita el hombre” dice Hölderling en el famoso poema que Heidegger comenta; Hölderling al que Nietzsche apreciara tanto. La respuesta nietzscheana va en esta dirección. El que habita poéticamente es el niño: el “niño” y el “artista” juegan: “el juego del artista y del niño, un devenir y un pasar, un construir y un destruir, en eterna y permanente inocencia, sin ninguna legitimación moral. Y así, como el artista y el niño juegan, juega el eterno fuego viviente, construye y destruye, en inocencia- y este juego juega el Eón consigo mismo. Se transforma en agua y en tierra, como un niño, levanta torres de arena junto al mar, las levanta y las derriba: tiempo a tiempo, comienza el juego de vuelta. Un instante de saturación: luego, la necesidad lo llama nuevamente, así como, la necesidad, fuerza, al artista, a crear. No es una tendencia a delinquir, sino el instinto de jugar que despierta permanentemente, lo que llama a otros mundos a la vida. El niño, en un momento dado, arroja el juguete, pero al instante, comienza de vuelta el juego, en inocente capricho. Sin embargo, construye, anuda, ensambla y modela de acuerdo a normas y según un orden interno () Heráclito fue increíble entre los hombres, como Hombre; y cuando contemplaba el juego de los niños revoltosos, pensó lo que nadie habría pensado en tal ocasión: el juego del Gran Niño de los mundos, Zeus” 4

El modo de habitar del Niño-artista es desarrollar un mundo-horizonte de sentido que lleva con él en un acto hermenéutico originario. Así puede decirse que construye su casa en donde habita. Un mundo “simbólico”, es decir, delineado por las valencias de este niño-poeta. Para habitar el niño-poeta construye. No hay posibilidad de supervivencia si no es en la construcción de un horizonte de significado. Lo que equivale a desarrollar cultura, que no es otra cosa que hacerse un mundo “humano”.

El hombre en su actividad creativa (lúdica-artística) hace que la existencia sea digna de ser vivida.5 Despliega, así, un mundo de sentido, un mundo “humano”. De lo contrario, la vida no valdría la pena ser vivida. Esto último es, justamente, el sentimiento dominante de aquel que permanece en la instancia nihilista.

Hay un gozo en la constatación de que el hombre se hace un mundo vivible humanamente, sin ningún sustento en trasmundos. Esto es lo que Nietzsche definió alguna vez como espíritu trágico. Es placer y es dolor, pero lo más importante es el placer. Se trata de un “placer primordial, la construcción y destrucción por juego” 6, una alegría traslúcida, serena, inocente, no crédula, no infantil.

La mirada del Niño entrega al hombre a la genuina y legítima alegría por lo humano demasiado humano del mundo. La mirada del Niño nos devela que si al mundo no lo hacemos humano, no se vuelve inhumano, sino que no es. El Niño habita en esta alegría humana, o alegría “de la tierra”. El “canto”, la “danza”, el “vuelo” (una imagen que se asocia a las anteriores y que aparece en nuestro poema) son los recursos simbólicos que Nietzsche despliega frecuentemente para referirse a tal sentimiento.

¿Cómo hace el Niño-poeta para construir el hogar en el que habita? No lo hace ex nihilo. El Niño “juega” con “piedras”, o con “arena” a la orilla del mar. Esto es, construye su casa a partir de lo que hereda de sus padres, la cultura. El Niño-poeta se “reapropia” de su “patria”, re-significándola. La “patria”, el “hogar” se constituye formalmente tal en esa reapropiación. El Niño hace y deshace sobre los escombros recibidos, “juega con mundos”. En esto está imbricada la idea de tradición, que es conservación creadora del pasado.

El medio práctico por el que se dará lugar a esta “construcción” del hogar donde habita el Niño-poeta, será la “educación”. Por lo mismo, ésta ocupó un lugar importante en la especulación de Nietzsche, sobre todo en su primera etapa, en la que el autor se muestra particularmente preocupado por la formación en la cultura alemana. Educar es crear las condiciones de la reapropiación creativa del pasado, o lo que es lo mismo, dar lugar al proceso de “reinversión de los valores”, a la creación de “nuevas tablas”, a la configuración de un mundo de referencias dotadas de “valor” o significación afectiva.

La palabra “hogar”: Heimat, como la palabra “patria”: Vaterland, hablan de arraigo, de vinculación cordial o afectiva llevada a cabo en la reapropiación creadora del mundo. Este mundo-horizonte de referencias simbólicas, ya es descrito en Nietzsche con la idea de “patria mítica” en el contexto del elogio que hace del mito trágico griego: “Mas toda cultura, si le falta el mito, pierde su fuerza natural sana y creadora: sólo un horizonte rodeado de mitos otorga cerramiento y unidad a un movimiento cultural entero. Sólo por el mito quedan salvadas todas las fuerzas de la fantasía y del sueño apolíneo de su andar vagando al azar. Las imágenes del mito tienen que ser los guardianes demónicos, presentes en todas partes sin ser notados, bajo cuya custodia crece el alma joven, y con cuyos signos se da el varón a sí mismo una interpretación de su vida y de sus luchas: y ni siquiera el Estado conoce leyes no escritas más poderosas que el fundamento mítico, el cual garantiza su conexión con la religión, su crecer a partir de representaciones míticas”.7

“Amor a la patria”, libertad, originalidad, serán lineamientos claves en el ideal nietzscheano de educación. “Confróntese ahora esto -sigue diciendo Nietzsche- con el hombre abstracto, no guiado por mitos, con la educación abstracta, las costumbres abstractas, el derecho abstracto, el Estado abstracto: recuérdese la divagación carente de toda regla, no refrenada por ningún mito patrio, de la fantasía artística: imagínese una cultura que no tenga una sede primordial fija y sagrada, sino que esté condenada a agotar todas las posibilidades y a nutrirse mezquinamente de todas las culturas – eso es el presente, como resultado de aquel socratismo dirigido a la aniquilación del mito. Y ahora el hombre no-mítico está, eternamente hambriento, entre todos los pasados, y excavando y revolviendo busca raíces, aun cuando tenga que buscarlas excavando en las más remotas Antigüedades. El enorme apetito histórico de la insatisfecha cultura moderna, de coleccionar a nuestro alrededor innumerables culturas distintas, el voraz deseo de conocer, ¿a qué apunta todo esto sino a la pérdida del mito, a la pérdida de la patria mítica, del seno materno mítico?” 8

Se puede notar en el trasfondo de este programa el eco de los ideales del Romanticismo. “Amor a la patria” señalaba Rousseau en su “Discurso sobre Economía Politica” es la virtud fundamental, la que debe formar el Estado en el ciudadano, como deber primario. “Desligados del suelo patrio, se vive desenfrenadamente en el desierto del pensamiento, de la costumbre y de la acción (…) No se crea que se puede superar este hambre de nuestro tiempo sin dioses domésticos, sin su patria mítica. El que busca un guía que de nuevo lo conduzca a la patria hace tanto tiempo perdida, que escuche la llamada deliciosamente atrayente del pájaro dionisíaco, el cual quiere señalarle el camino hacia aquélla9

La especulación nietzscheana en torno al “hogar” da lugar a una posible reformulación del concepto de “patriotismo” en el ámbito de la educación. El hombre arraigado, el hombre con hogar, sería su meta. No debería leerse, sin embargo, esta idea en clave “nacionalista”. Sabemos las consecuencias que ha traido a la historia moderna esta versión “nacionalista” del pensamiento de Nietzsche.

***

Por último ¿Quién sigue el desarrollo de las posiciones que en Nietzsche permanecen en una tensión, evidenciada en el poema “El Espíritu Libre”?

J.P. Sartre podría encarnar el desarrollo del “espíritu libre”: en el hombre como aquel ser que vaga sin rumbo sobre la superficie de un planeta frío, resuena el eco del manuscrito de Nietzsche“Acerca de la Verdad y la Mentira en sentido Extramoral”,10 memorable por su calidad literaria. El punto de llegada es el nihilismo.

Heidegger recoge la tradición de una salida al nihilismo no regresiva, no como pura nostalgia del calor alemán. Pero el mapa de ruta está en Nietzsche. Claro que Heidegger puede interpretarlo mejor porque cuenta en su haber el aporte de Schleiermacher y de Dilthey. Sin embargo, el maestro de Freiburg, no dejó, ver abiertamente en forma suficiente, el grado en que sus especulaciones ya estaban presentes en éstos y en Nietzsche.

   ©zkbs, Alejandro Blanco

1Friedrich Nietzsche, Sämtliche Werke, Kritische Studienausgabe, Nachgelassene Fragmente 28 [64], Deutsche Taschenbuch Verlag – de Gruyter, München – Berlin, 1980, Band 11, S. 329 .

2Friedrich Nietzsche, Fatum e Historia, en De mi vida, Escritos Autobiográficos de Juventud 1856-1869, Valdemar, Madrid, 1997.

3Friedrich Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia, Alianza Editorial, Madrid, 1980, cap. 24, pág. 188.

4Friedrich Nietzsche, Sämtliche Werke, Kritische Studienausgabe, Nachgelassene Schriften, Deutsche Taschenbuch Verlag – de Gruyter, München – Berlin, 1980, Band 1, 7-8 S. 830-834.

5Friedrich Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia, Alianza Editorial, Madrid, 1980, cap. 25, pág. 191

6Friedrich Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia, Alianza Editorial, Madrid, 1980, cap. 24, pág. 188.

7Friedrich Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia, Alianza Editorial, Madrid, 1980, cap. 23 , pág. 180

8op. cit.

9op. cit. 183-184.

10Friedrich Nietzsche, Sämtliche Werke, Kritische Studienausgabe, Nachgelassene Schriften, Über Wahrheit und Lüge im aussermoralische Sinne. Deutsche Taschenbuch Verlag – de Gruyter, München – Berlin, 1980, Band 1, I. S. 875.

 *Ponencia en el IIFIL de la Facultad de Filosofía de la USAL, Buenos Aires, diciembre de 2007.

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